Partera del Castillo
El castillo de Cañamero cambiaba de manos entre cristianos y musulmanes en la época de la larga Reconquista peninsular.
En tiempos en los que el castillo de Cañamero era propiedad de moros, la vida de la hija del señor musulmán corría peligro durante un parto difícil. Una curandera de Cañamero fue solicitada para ayudarla y, como todo salió bien, el señor premió a la mujer llenándole el mandil de un raro y pesado polvo dorado.
Ella lo arrojó al suelo para liberarse del peso en el duro camino al pueblo, sin saber que se trataba de una buena cantidad de oro.